domingo, noviembre 11, 2007

Libertad

Pero sin prisas que a las misas de réquiem nunca fui aficionado,
que el traje de madera que estrenaré no está siquiera plantado
que el cura que ha de darme la extremaunción no es todavía monaguillo
que para hacer comercial a esta canción le falta un buen estribillo
“A mis cuarenta y diez” Joaquín Sabina


El timbre
A la cuarta vez pensó que iba a reventar el botón del timbre, le parecía extraño, era la primera vez que demoraba tanto y él jamás la plantaba, era correcto y recto; a ella le gustaba desde hacía mucho tiempo y se le había insinuado de mil y un maneras diferentes, pero él salía siempre con la misma letanía también con mil y un variantes: tengo novia y soy fiel. Ya eran las siete, no tarde para la oficina, pero sí para desayunar. Ojala saliera pronto.
Fue realmente coincidental la manera en que se dieron cuenta que trabajaban en la misma oficina y vivían en el mismo edificio, pensaba mientras esperaba, desde entonces iban y volvían juntos. Él tenía carro y ella no. Coincidental. ¿Estará muerto? Le dieron ganas de gritar y llamarlo por su nombre, pero, vamos, se dijo, si no escucha el timbre, mucho menos… Ya me estoy desesperando, última timbrada y llamo un taxi.
La puerta se abrió interrumpiendo el viaje de su dedo hacia el botón, ahí estaba él en calzoncillos, totalmente despeinado, con una camisa desabotonada con la que seguro se había acostado y cara de no haber pegado un ojo en toda la noche, que raro, hasta parece que ha llorado.
¿Qué demonios te pasó? Ya me estabas preocupand… Y antes de terminar la pregunta él se acercó y la besó tan largamente como larga sentía su erección, ella quiso librarse, no hay que negarlo, sus manos se aferraron al marco de la puerta y una de ellas se encontró con el botoncito estridente que empezó a sonar con su tilín tilín como pidiendo auxilio, pero dando las gracias acabó rindiendo su ruido a la par con las manos que terminaron por librar la presión que le impedían entrar al apartamento. Le arrancó la blusa de un tirón y los botones volaron en todas direcciones, el sujetador cedió sin dificultad y las manos vagaron apretando la blancura de los pechos y mordiendo con los dedos la redondez de los pezones. La acostó en la cama y la puso de espaldas, la penetró por detrás tan fuerte que ella no pudo contener las lágrimas, y la felicidad, y gritó de dolor, un grito de victoria, sintió el semen que resbalaba por el interior de sus piernas y terminaba en la alfombra de la habitación, se dio la vuelta y limpió con su boca y su lengua los rastros de semen.
Él se tumbó de espaldas a su lado.
Ella preguntó porqué, porqué ahora, porqué hoy.

El sillón
Ya son las diez y aún no llega, ¿qué le habrá pasado? Él jamás llega tarde.
Tranquilo ingeniero, ya vendrá.
Algo masculló entre dientes y se embutió en el hueco que su trasero dejaba en el sillón, detrás del escritorio que mostraba la placa de gerente propietario. Realmente raro, su mejor trabajador, fiel por un sueldo fijo desde hacía diez años, puntual y servicial; el sueldo no era nada despreciable, pero hacía años que debió pagarle más, era triste que él nunca hubiera tenido el valor para exigirle un aumento, pero siendo él el jefe tampoco se lo iba a ofrecer.
Su secretaria también había faltado, pero solo notaba su ausencia por la falta de café caliente y de roces en su entrepierna al momento del dictado. Pobre muchacha, solo servía para el sexo, y para entretener la mirada del resto de los empleados.
¡No me importa que esté en la línea, quiero verlo!
Los gritos llegaron desde el recibidor ahogando sus cavilaciones.
Unos instantes después se abrió la puerta de su despacho y entró su empleado.
Cuando salió, su jefe estaba hundido en su sillón, con los ojos desorbitados por el miedo y con una carta de renuncia metida en la boca.

El Banco
Nunca supieron porqué la cuenta número veintidós veintitrés cuarenta y cinco ochocientos fue cerrada, ni por qué el cliente arrebató una recortada a uno de los guardias y disparó sin compasión sobre todos los que en ese momento se encontraban presentes.

El beso
Cuando llegó la noche él estaba con los bolsillos llenos de dinero, con el alma desbocada, la policía buscándolo y varios muertos en su haber. La llamó al número celular. Mi amor, necesito verte, por favor sal del trabajo y ven, si, estoy en el hotel de siempre, tranquila, solo quiero conversar, no bebé no te preocupes, yo sé que estos días has estado sin ganas, prometo no tocarte, si, bueno amor, te espero.
La espera fue interminable. Cuando llegó, él la recibió con un beso que luchaba por ser apasionado, pero ella no abrió la boca. Hoy no tengo ganas, ya sabes. Mishermanassiguenenproblemasynopuedoconcentrarme. Mierda, pensó él. Y ya no se aguantó más: siempre es lo mismo, es que me duele, es que mis amigas, es que puede venir alguien, es que el sexo no me gusta tanto como a ti, ya me harté de tus esques, hoy lo vamos a hacer por que yo quiero, a la mierda tus padres y tus hermanas y todo lo que siempre te detiene. La sorpresa la paralizó y cuando supo lo que estaba pasando ya estaba desnuda y en la cama con el hombre que amaba dentro y con la seguridad de que después de ese día todo iba a ser diferente, ya no quería verlo, tenía asco y dolor, maldito, sollozaba entre dientes. Adiós.
Al marcharse le puso un beso pequeño en los labios, fuera ya era de noche, las once, tal vez más, dio un par de pasos y murió.

El sueño
Eran las seis y media de la mañana cuando la alarma sonó, sacándolo de la neblina entre la que asomaba el paseo que se había organizado a la playa con los padres de su novia, que estaban muertos en lo que acostumbramos a llamar realidad, y a los que nunca había visto, pero en los sueños no se respetan ni a vivos ni a muertos, ni a retratos ni a preconcepciones: los papás de su novia le ofrecían regalos y lo advertían del próximo tsunami que azotaría las costas mientras tuviera los ojos cerrados. Estiró el brazo sintiéndolo ajeno, mientras las representaciones sabidas y no sabidas se diluían entre las sábanas amodorradas, y de un manotazo largó la estridente maquinita al suelo. Aún se dibujaban, con líneas finas, ciertos retazos mal cosidos del sueño y él trataba de zurcirlos a medida que se incorporaba para sentarse en la cama. Los dedos índice y medio rayanos describían los familiares círculos mañaneros en sus sienes y lo hacían sentirse mejor, poco a poco se licuaban las figuras y la realidad volvía a ser la realidad, sentía la alfombra bajo sus pies y la saliva seca en su mejilla, lunes otra vez sobre la ciudad, la gente que ves vive en soledad; sooobre el bosque gris veo morir al sol, que mañana sobre la avenida nacerá, canturreaba, a medias sonreído. Se puso en pie y una hoja de papel cayó de su regazo, era la primera hoja de una Biblia que estaba seguro había desaparecido en el trasteo, al mudarse de apartamento; la cogió entre los mismos índice y medio que hace rato masturbaban sus temporales y forzó al máximo su memoria para intentar recordar si se había levantado en la noche a orinar, y es que nunca le eran claras esas levantadas de la madrugada. En reemplazo de esa evocación emborronada le llegó totalmente perfilada la imagen de sus desconocidos suegros que le advertían del maremoto, o ya no estaba seguro si era maremoto o no, ahora parecía más bien una advertencia la muerte de algún futuro nada encantador morirás; compelió a sus neuronas a que se electrocutaran más rápido y con más fuerza, la fecha está en el papel y solo entonces apareció en la parte interior de sus párpados, como una película muda con voces mal dobladas, la parte del sueño que marcó el resto de su día. Le dio la vuelta a la página y ahí estaba anotada, con una letra que no era la suya, una fecha, la fecha de hoy, once y veinte de la noche se dijo visiblemente consternado. Él no era de los que creían en este tipo de premoniciones, pero el hecho de que la hoja de papel escrita por sus suegros hubiera transmutado del sueño a la realidad, le era suficiente para tirar abajo toda la estantería de su realidad. Cayó de rodillas y empezó a llorar, pensó y pensó, y decidió quedarse acostado en la cama, huir de todo y de todos, esperar la muerte resignada y pacientemente. Cerró los ojos y los apretó fuertemente para ver si así, al abrirlos, despertaba de nuevo, apagaba nuevamente el reloj despertador y descubría que no existía ninguna hoja de papel de Biblia en su regazo. Durmió lo que a él le parecieron horas, volvió a sonar el la maquinita negra, el titití titití titití lo levantó lleno de esperanza, y al buscar el despertador recordó, recordó todo, el despertador estaba en el suelo, la noche anterior lo había programado para que sonara también a las siete de la mañana pues siempre se quedaba dormido, la hoja con la fecha y hora de su deceso estaba sobre la mesita de noche. Sonó el timbre de la puerta. Una, dos, tres, cuatro veces.

Libertad
La dejó en la cama, desnuda y muerta, ¿porqué tener que explicar los porqués cuando ya no importan?. Siempre la odió, le parecía un ser repulsivo e insoportable. Con su falda corta hasta el ombligo y su boca pintarrajeada como puta, ¡oh! Pero si trabajamos en la misma oficina y vivimos en el mismo edificio había dicho ella que liiindo que liiindo, podemos ir juntos, y podemos volver juntos perra estúpida, cuántas veces había querido reventarle el culo a patadas. Y salió a vivirse su último día.

6 comentarios:

Di dijo...

El timbre: Cuestión de mal interpretaciones, ella cree que él dice, él no dice nada...

El sillón: Hasta la fidelidad tiene un límite, si alguien no te valora tal cual y te hace saber que te valora, la paciencia se acaba.
Por otro lado, si no tienes fuerza de hacerte valer, no esperes que te valoren.

El Banco: El problema de vivir entre y de mentira, es que llega un momento en que, mas que ser insostenibles, se vuelven insoportables, y uno explota. Debe ser la sensación de ya no tener nada más que perder... y qué se puede perder si ya se perdió a uno mismo?

El beso: En un segundo a uno le puede cambiar la vida, y se puede pasar de querer a odiar a alguien, o al revés.

El sueño: La realidad es inevitable

Libertad: a veces la única manera de ser libre es dejar de pensar en el futuro, y empezar a vivir al máximo el presente


Es un gusto volver a leer uno de tus cuentos..

Alice in Oz dijo...

Como te dije en el taller Dorian, el juego de tiempos es excelente, la tecnica es muy buena y está bien logrado el efecto...

Ahora con respecto al cuento, por qué seremos los seres humanos así... DEjamos que la rutina nos consuma en vez de vivir...

Saludos se le espera por Oz.

Tofu - sensei dijo...

Chuta pana la plena que hay que leerte largo aquí, te comentaré tranquilo cuando lo haga.
Ahora bien, muy bacan la tertulia de ayer, salvando la ausencia de don Jorge. Me pregunto al final si volverá nuestra inquisitiva y cáustica Eunice...
Ya nos hemos de ver de vuelta pana!

pentapodologa dijo...

El timbre: Digan lo que digan la mente volátil que tenemos las mujeres.
El sillón: La paciencia tiene límites. Y que mas quieres si no te haces respetar.
El Banco: LAs mentiras tarde o temprano encuentran la luz!
El beso: Todo cuestion de perspectiva
El sueño: La realidad es la realidad
Libertad: Vivir el dia a dia...es mejor que pensar en el futuro y no hacer nada.
Me ha encantado regresar por aqui!

pastv dijo...

Definitivamente Señor don Mono tienes algo raro en la cabeza.

adam dijo...

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