domingo, marzo 02, 2008

Mientras te observo

Nunca la vi tan enamorada, le conocí cien, doscientos o trescientos amantes, pero nunca la vi tan enamorada como hoy; y puede que yo no sea el último hombre que amará, puede que haya aún muchos más después de mí, pero el regusto de ser el primero no me lo quitará nadie, jamás; hoy me ama a mí más que a ninguno de los otros y mientras miro cómo caen de sus manos las rodajas de zanahorias al caldo y cómo se fríen las especias y las cebollas en el refrito del sartén, preparo mis labios para su boca.

María Evangelina era su nombre, siempre quiso no ser aceptada, pero, y sin temor a equivocarme, la aceptaban muy bien donde quiera que iba. Siempre fue de esas mujeres que provocaban chorros de babas en bocas de hombres invariablemente dispuestos; los perros ladraban a cada transeúnte que pasaba, pero a Eva le rendían pleitesía; llovía en toda la ciudad, las gotas caían sobre carros, personas y calles, pero el agua a ella no la tocaba, se evaporaba en una nube rosada que quedaba flotando a su alrededor; las mujeres la envidiaban un poco, pero también la amaban, yo me daba cuenta al ver las miradas de rapapolvo dirigidas a sus deseos más reprimidos, la lesbiandad afloraba en ellas cuando veían los senos firmes gritando bajo su marinera; cuando Eva paseaba su cuerpo, delgado y perfecto, junto a las mujeres, era inevitable compararlas: las plebeyas y la reina.
Veinticinco años fueron los que viví al lado de su casa, la vecinita de los ojos azules que desde niña fue destinada a grandes cosas: el modelaje, la actuación, los lujos, los hijos de los patrones de mi papá, los ramos de rosas gigantescos que desde la niñez a la juventud, llegaban a su puerta. Yo la espiaba día y noche, pedí por mi cuarto cumpleaños unos binoculares, por mi décimo cumpleaños un telescopio, por mis quince años una cámara fotográfica y por mis veintes una cámara filmadora; establecí en el cuarto de baño un estudio de revelado fotográfico, las fotos primeras de ella levantándose por las mañanas, las fotos segundas de su cuerpo desnudo en la ducha y su pecho blanco dibujando unos senos pequeñitos, las fotos terceras de su desnudez cubierta poco a poco por telas que no la merecían, las fotos cuartas, las fotos décimas, las cientos de imágenes de ella a lo largo de su vida adornaban las paredes de mi habitación, y yo, que no conocí ninguna mujer antes ni después de ella, me masturbaba todas las tardes viendo cómo mi niña se convirtió en mujer ante mis ojos, viendo cómo su pubis se llenaba de vellos negros y cómo empezó a rasurarse las piernas, cómo se masturbaba ella también a medida que se descubría hermosa frente al espejo de su cuarto. Los caséts de betamax arrumados en una esquina de mi habitación hablaban de mi idolatría por ella, su baja definición me hacían preferir las fotos para mis tardes de oficios manuales; pero ahí estaban ellos, recordándome que yo era quien más la conocía y quien más la amaba. Mis observaciones no se limitaban a la ventana de mi casa, muchas veces la seguía en sus citas y miraba como los pendejos ricachones tocaban su cuerpo y besaban sus labios, ellos no podían ver la verdad, la tristeza que escondía su rostro era sólo visible para mí… y para sus padres que la tarde de sus veinticincos le regalaron uno de esos perros que tienen más papeles de los que necesitan, no voy a negar que era hermoso el perro ese y ella cambió sus ojos tristes por ojos de alegría, una alegría que no le duró mucho porque a la tercera semana el animal desapareció, sobra decir que su casa organizó una búsqueda tan organizada y exhaustiva que si no apareció nunca el perro, solamente podía ser porque había tomado un avión y salido del país.
Desde ese día, mi niña, que con el paso de los años se había dado cuenta de mi labor de espía, mandó enladrillar su gran ventana y meses después se mandó ella misma a mudar a un apartamento en el centro de la ciudad; me costó mucho volver a dar con su dirección, porque sus padres se negaban a darme alguna explicación, o siquiera a dirigirme la palabra, al parecer Eva les había contado lo de mi atracción por las fotografías. Al final no necesité de ninguna indicación de parte de ellos ni de nadie, varios meses después, al salir un día hacia la calle encontré en un poste la foto de un gato con nombre, desaparecido decía, y al pié de la misma un número de teléfono y la indicación: preguntar por María Evangelina. Era la primera vez que iba a escuchar su voz tan cerca, pensaba mientras esperaba el sonido indicador de que el aparato había sido descolgado del otro lado de la línea, ¿Aló? se escuchó por el teléfono. Hola María dije yo, ah, disculpa pero María salió, estás hablando con su compañera de cuarto, ¿quieres dejarle algún mensaje?... eeeh, titubeé, esteee, no, sólo que encontré a su gato y me gustaría saber la dirección para llevárselo…
La habitación que conseguí frente a su edificio no era muy cómoda para mí, pero mi telescopio, mis cámaras y mis fotos estaban a gusto y el baño era suficiente para instalar mi centro personal de revelado.
María y su compañera eran muy amigas y aparentemente se querían mucho, mis fotos empezaron a tomar una tónica cada vez más pornográfica a medida que pasaban los meses. Hombres iban y venían, y mientras más hombres tenía, su belleza se acrecentaba, su fuente de juventud eran ellos y ella, su muy amiga. Sin embargo, a través de sus sonrisas se adivinaba la tristeza, era una tristeza lejana, como una neblina espesa que ocultaba su realidad; solamente yo podía verlo… yo y su compañera de cuarto que al cumplir Eva los veintiséis le regaló un perro casi idéntico a su primera mascota, verla sonreír así tan transparentemente, me llenaba de más amor del que me conocía. Lamentablemente esa alegría no duró demasiado, dos meses después el perro escapó del apartamento y nadie lo volvió a ver. Ella se sumió en una depresión tal, que empezó a comer en demasía, no salía de casa y pasaba horas en la cocina, deshuesando y cortando, fileteando y licuando, hartándose de carne y de caldos. Cocinar era lo único que la hacía feliz, ese gusto por encender la llama, echar el aceite y freír una parte cualquiera de cualquier parte le llenaba la boca de sonrisas. Yo seguía fotografiándola y masturbándome con sus fotos, veía su transformación y cómo iba inflamando las mejillas a medida que pasaban los años, cada vez eran menos los amantes y ni su propia muy amiga la besaba o la tocaba; sin embargo no se rendía, había notado lo feliz que a María la hacían los animalitos y a los pocos meses de escaparse el perrito le regaló otro gato, que desapareció al mes, luego un grupo de diez pajaritos que al parecer huyeron al tratar de darles de comer; era increíble cómo ni los animales querían estar con ella. Eva la seguía amando, tanto o más que a sus animalitos perdidos.
La resistencia de su compañera de cuarto llegó a su límite cierto día en que, abriendo el refrigerador, se dio la vuelta y comenzó a gritar sin control, aparentemente ya harta de que hubiese tanta comida ahí, como un desquiciada se fue hacia la puerta con intenciones firmes de abandonarla mientras Eva le gritaba que la amaba, que la amaba más que a nada y más que a nadie, que era la primera y última mujer que amaba, que la perdonara y que no se fuera. Pero se fue. Esa noche no terminé de ver la discusión, era muy tarde ya y el sueño me venció, pero al despertarme su compañera ya no estaba ahí y Eva cocinaba con más frenesí que nunca, lloraba y sus lágrimas caían sobre la carne sazonada mientras gritaba un te amo quebrado por el dolor.

Sé que me observas decía el letrero apoyado en el cristal de la ventana, cierta tarde en la que, asomándome al telescopio, me dispuse a buscarla en la pieza. Y la vi a ella mirándome con unos binoculares y sosteniendo otro letrero que rezaba he aprendido a amarte.

Al entrar en su habitación me invadió la nariz el olor a especias que siempre me imaginé que tendría; yo la seguía viendo tan hermosa como hace diez años, tan simple, y ahora tan transparente ante mis ojos. La mesa estaba puesta y la noche que llegaba por la ventana auguraba el triunfo que había esperado por casi treinta años. Conversamos durante horas, mientras ella iba y venía revisando el horno, me contó sobre sus andanzas en cuerpos siempre ajenos y siempre falsos, sobre la fidelidad y el amor que había encontrado únicamente en los animales y en su amiga, a la que se refería como aquella a quien tanto amé. Le dije un te amo temeroso y ella me dijo un te amo seguro. Se acercó a mi, con tal rapidez, a pesar de su voluminoso cuerpo, que no pude más que cerrar los ojos y esperar su beso, me lo imaginé tibio, húmedo y mío, sobre todo mío.

Nunca la vi tan enamorada, le conocí cien, doscientos o trescientos amantes, pero nunca la vi tan enamorada como hoy; y puede que yo no sea el último hombre que amará, puede que haya aún muchos más después de mí, pero el regusto de ser el primero no me lo quitará nadie, jamás; hoy me ama a mí más que a ninguno de los otros y mientras miro, a través de estos barrotes, cómo caen de sus manos las rodajas de zanahorias al caldo y cómo se fríen las especias y las cebollas en el refrito del sartén, preparo mis labios para su boca y ella prepara su boca para mi cuerpo. Las cabezas de sus mascotas antes ocultas en el refrigerador cuelgan ahora en la pared, sus pieles adornan el piso que nunca pude ver desde mi ventana y el cuerpo de su compañera, vaciado y secándose, adorna la parte superior de su chimenea falsa. El golpe en la cabeza me duele un poco aún, nunca vi el sartén en su mano hasta que sentí el dolor y, mientras espero ser cortado para la cena, siento el orgullo de haber logrado ser suyo.

9 comentarios:

LA Gaby dijo...

como siempre... un final para el que no estaba preparada...

LaÜ dijo...

jajaja.. muy bueno!! solo eso.

Ms. Davis dijo...

me a encantado, que digo me a facinado, tienen algunos problemillas de formato, pero en esencia es mucho muy bueno, por favor permiteme enlasarte a mi blog, quisiera porder seguir leiendote XD

si me buscas estoy en:

http://ironia-literaria.blogspot.com/

se bueno y avisame si me permites enlasarte XD

Alice in Oz dijo...

Un pequeño guetito a Hannibal Lecter...

Alice in Oz dijo...

gustito perdón

Mashu dijo...

ummmm... un poco lento y largo para mi gusto. El final expectacular!

Un Saludo desde el Mar

Tamia dijo...

genial!

Anónimo dijo...

Doriannnn...

Este me fascinó..

Asi de sencillo...

Ya empiezo a enviciarme..

No quiero parar de leer jejjeej

Logras envolverme... Cielo

Tamia dijo...

releyendo hasta que pongas otro coso nuevo.. jejej pasaba por aquí otra vez... recuerdo que este es el que mas me gusto o uno de ellos... saludos chiquitos =P

cierto pasarás por el blog... nuevo dibujo...